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No hay ninguna duda que las últimas dos
semanas de este gobierno serán, para decir lo menos, turbulentas.
Hay un gran debate por la toma de protesta
del Presidente Electo. Intercambian los partidos y los legisladores insultos,
amenazas y advertencias.
Pero, otra vez, Joaquín, la clase política
mete el país en un debate innecesario, un debate que atiende sólo a sus
intereses, y no a los intereses de la mayoría de los mexicanos.
Ya hace tiempo, como se ha dicho en este
tu espacio, que los mexicanos vivimos en un clima de inseguridad que empieza a
asumir rasgos cada vez más peligrosos, peligrosos hasta para la gobernabilidad.
Sólo en este 2006 han ocurrido cientos de
ejecuciones a manos de los criminales de la delincuencia organizada.
Además está la otra delincuencia, la que
presuntamente no sería organizada, pero no es menos violenta.
Y es poca ayuda que, ante los diputados,
el Secretario de Seguridad Pública Federal Eduardo Medina Mora reconozca que
hay una debilidad institucional que impide que sea eficaz la lucha contra la
delincuencia.
Como sea, lo importante es que México
enfrenta un grave deterioro de la seguridad pública. Tal inseguridad sólo se
vivió después de la guerra contra los franceses en el siglo 19 y los años
inmediatamente posteriores a la Revolución Mexicana.
En aquellos años los gobiernos tomaron
medidas muy enérgicas para garantizar la seguridad de los mexicanos.
Ahora, Joaquín, nadie, ni el gobierno, ni
los políticos, ni los partidos, quieren tomar medidas enérgicas para combatir a
la criminalidad.
Estamos indefensos.
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