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Se ha desatado una insensata polémica por
cómo será la toma de posesión del Presidente Electo Felipe Calderón.
He escuchado muchas, quizá demasiadas
opiniones.
Y estoy como aquel señor que representaba
al general Zaragoza en esa recreación de la batalla del 5 de mayor que cada año
se celebra en el Cerro de la Estrella en este Distrito Federal. Era una tarde
lluviosa y clamó: estoy hecho camote.
Ayer, el senador priísta Manlio Fabio
Beltrones se enredó tanto en justificar cómo podría no asistir Felipe Calderón
al Congreso general que, a veces, me pareció que también el distinguido
legislador se hacía camote.
Es una tontería decir que impedir la toma
de posesión del Presidente Electo es un acto republicano. Es una tontería, pues
constituye sólo un acto mezquino y rencoroso.
Sugieren que podría darse la protesta de otro
modo. ¿Cuál, Joaquín? ¿Una transmisión de control remoto? ¿Una teleconferencia?
Eso no lo dice la Constitución, porque los
Constituyentes que la hicieron no eran síquicos que adivinaban el futuro del
desarrollo tecnológico.
¿Cómo pueden decir que no debe acudir el
Presidente Electo ante el Congreso?
La Constitución dice que el Presidente, al
tomar posesión de su cargo, prestará protesta ante el Congreso de la Unión o la
Comisión Permanente.
Una protesta que no se da ante el
Congreso, Joaquín, podría ser ilegal y tendríamos una crisis constitucional de
consecuencias impredecibles.
Y hay que decirlo, Joaquín, todo por las
mezquindades y el rencor políticos.
Bien dicen que para conocer el verdadero
carácter de un hombre hay que conocer como reacciona ante la derrota.
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