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Salvo esporádicas declaraciones, en lo
general el Presidente Electo Felipe Calderón parece haber permanecido al margen
del conflicto de Oaxaca, con todas sus perversas secuelas.
Es una actitud prudente, porque en este
momento no tiene caso involucrarse en una cuestión que, como el conflicto
oaxaqueño, está enturbiada por los más descarnados intereses políticos de
grupo, no de partido, conste, sino de grupo.
Es así como, a 29 días de terminar su
gestión, el Presidente Vicente Fox es ahora rehén del problema planteado por la
APPO, un grupo que constituye un enredijo que entremezcla intereses políticos y
la utilización del hampa política.
Apenas tome posesión, Felipe Calderón
tendrá que salirse de la trampa que le deja montada el gobierno de Fox.
Para hacerlo necesita estar informado, muy
bien informado.
En Estados Unidos, cuando oficialmente
empieza el proceso electoral y hay candidatos presidenciales, se les asigna un
funcionario que diariamente les da información de inteligencia.
Calderón y su equipo necesitan recibir
diariamente información directamente de los encargados de los organismos de
inteligencia, tanto del Cisen y la PFP, como de la inteligencia militar.
No se pueden quedar con las versiones
sesgadas de los acontecimientos que construye un gobierno desesperado por
salvar su imagen.
Sólo así podrá elaborar un plan para
enfrentar el conflicto oaxaqueño, conflicto que debe tener muy claro Calderón
no va a quedar resuelto para el uno de diciembre.
Así podrá tomar las medidas enérgicas que
requiere el arranque de su gobierno, un gobierno que recibe una herencia
envenenada, con muchos problemas sin resolver.
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