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Esta mañana anuncian en Los Pinos que el
Presidente Fox ha decidido cancelar el desfile deportivo con que se solía
celebrar el 20 de noviembre, aniversario del inicio de la Revolución Mexicana.
Es posible que el desfile deportivo
tradicional haya tenido sentido en algún momento de la vida nacional.
Se había convertido en una fastidiosa
obligación que tenían que cumplir miles de servidores públicos y deportistas
destacados.
Y digamos que ya no era muy lucidor.
Pero nadie le cree al vocero presidencial
que ésa es la razón por la que se cancela el desfile del 20 de noviembre.
Es más creíble que la cancelación se deba
a la decisión de no provocar otra incómoda confrontación con el ex candidato
presidencial Andrés Manuel López Obrador.
Es una retirada del gobierno del
Presidente Fox.
Le dejan el Zócalo a López Obrador, le
dejan el campo libre para que celebre su ceremonia de instalar lo que llaman
“el gobierno legítimo” del tabasqueño.
Habrá una sencilla ceremonia frente a Los
Pinos, en el monumento a Francisco I. Madero.
Pero la Revolución Mexicana por su
trascendencia histórica merece algo más que esa simple ceremonia.
Su celebración es un ritual cívico, uno de
esos rituales cívicos con los cuales se fortalece el sentimiento de lo
nacional.
Los rituales cívicos, con los símbolos
patrios y la historia, contribuyen a fortalecer el concepto de Nación. Son valores
republicanos.
Y, aunque no lo crea el Presidente Fox,
los valores republicanos no son asunto de política de partidos.
Son asuntos de la Nación.
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