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Se discute con gran acaloramiento sobre un
presunto bono que se entregaría a los seis magistrados del Tribunal Electoral
que se retiran.
Se dice que, supuestamente, cada uno de
los seis magistrados, al terminar su gestión el próximo 4 de noviembre, van a
recibir 5 millones de pesos cada uno.
Por lo pronto, al parecer la intervención
de la Auditoría Superior de la Federación ha congelado los fideicomisos de
donde presuntamente saldría ese dinero. Y posiblemente, si bien les va, cada
uno podría recibir unos dos millones de pesos.
Aunque no es seguro que se les entregue, sin
duda seguirá la discusión pública.
Para algunos se ha convertido en un
deporte nacional criticar lo que se les paga a los altos funcionarios del
Estado Mexicano.
En
lo personal tengo otra perspectiva. Por ejemplo, ¿cuántos conflictos
electorales han evitado las decisiones de los magistrados del Tribunal Federal
Electoral? ¿Cuántas presiones han resistido antes de dar sus fallos? ¿Cuánto
vale la tranquilidad que le han dado a la sociedad?
Doy otro ejemplo: muchos critican el
salario que recibe el Secretario de Hacienda. A esos yo les diría que si el
Secretario de Hacienda ha hecho bien su trabajo, se merece cualquier salario.
Porque, vamos a ver, ¿cuánto costaría al país una devaluación que resultara de
una mala política económica del Secretario de Hacienda?
Ocurre que en esta crispación, se olvida
que los salarios, aún los de los servidores públicos deben corresponder al
tamaño de la responsabilidad.
Pero
eso no lo entienden los demagogos.
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