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A veces los acontecimientos ocurridos en
el extranjero pueden contener lecciones que nos pueden ser útiles.
En Washington se revelaron acusaciones contra
el ex director de Administración de Alimentos y Drogas, la FDA, el señor Lester
Crawford.
Se descubrió que mientras el señor
Crawford desempeñaba su cargo, un cargo desde el cual se tiene que supervisar a
las compañías farmacéuticas, olvidó hacer público que poseía acciones de
algunas de las más grandes compañías farmacéuticas.
FDA es la dependencia del gobierno
norteamericano que autoriza nuevos medicamentos o los puede retirar del
mercado, tuvo a su disposición información privilegiada para capitalizarla.
Tenía pues el señor un grave conflicto de
intereses. Se le acusa de violar alguna ley norteamericana, pero sobre todo, de
violar las reglas de ética que deben regir el desempeño de los puestos
públicos.
Cuando aquí en México faltan 44 días para
que tengamos un nuevo gobierno federal, quizá valdría la pena empezar a revisar
las reglas a que están sujetos los servidores públicos.
Quizá es tiempo de que cuando entren al
servicio público los altos funcionarios del gobierno de la República creen
fideicomisos ciegos donde depositen sus bienes mientras ocupan un cargo
público.
Fideicomisos que les permitan tomar
decisiones sin tomar en cuenta sus intereses financieros personales.
Nadie quiere que los servidores públicos vivan
en eso que algunos llaman la modesta medianía, lo cual significa vivir al día y
con el Jesús en la boca.
No, Joaquín, pero sería bueno darles la
ocasión de servir a la Nación, y no a sus intereses personales.
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