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El pasado miércoles, en este tu espacio,
se comentó Joaquín que para los tabasqueños la elección era sencilla:
Tuvieron que decidir en las elecciones de
ayer domingo entre tener un gobernador que atendiera los problemas de los
tabasqueños, o convertirse en un Estado que fuera punta de lanza del movimiento
de Andrés Manuel López Obrador.
Y decidieron elegir a un gobernador que
atienda los problemas de los tabasqueños.
Y le dan ventaja de más de 80 mil votos al
priísta Andrés Granier.
Las
elecciones de Tabasco, por supuesto, no han sido perfectas, como tantos
hubieran querido.
Se ha dicho en este tu espacio, elecciones
perfectas, ni en el cielo, porque allá en el cielo no hay elecciones.
Dice la caravana perredista que acudió a
respaldar a Ojeda y a impulsar la votación en los municipios dominados por el
PRD que fue una elección de Estado.
Quizá, pero el hecho es que tanto el PRI
como el PRD movilizaron todos sus recursos humanos y económicos.
Los perredistas hablan de votos comprados
con obsequios a los electores. La verdad es que esa táctica no la desconoce
el perredismo.
Es obvio que el triunfo priísta en Tabasco
será impugnado ante el Tribunal Federal. Y, otra vez una elección se decidirá
en un tribunal, no en las urnas.
A diferencia de los puritanos de la
democracia, creo que el problema es que no aprendemos aún la receta de George
Bernard Shaw.
Decía Shaw: para que un pueblo viva
plenamente la democracia, primero tiene que haber aprendido a perder.
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