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Difícil, complicado, el conflicto de
Oaxaca.
Tal parece que cada vez que se empieza a
avizorar una posible solución hay un hecho de violencia que crispa los ánimos.
Por lo pronto, ayer se resolvió el
aparente desencuentro entre el Secretario de Gobernación Carlos Abascal y el
gobernador Ulises Ruiz, quizá porque Ulises sabe que no puede perder los pocos
aliados que le quedan.
Sigue la mesa de negociaciones, mientras
tres senadores de la República llegaron a Oaxaca para determinar si en la
entidad hay o no hay poderes estatales funcionando. Muchos oaxaqueños dudan que
existan condiciones para declarar desaparecidos los poderes de la entidad.
Simultáneamente, los profesores de la
sección 22 del SNTE han recibido una oferta que no podrán resistir, porque
supera con creces lo que pedían el 22 de mayo.
Si los profesores aceptan la oferta y
resisten las amenazas de los radicales de la APPO podrían reanudarse las clases
en las escuelas.
Dependerá del temple de los dirigentes
magisteriales, que sean capaces de resistir las amenazas de los radicales de la
APPO. El hecho es que, sin los profesores, la APPO quedaría reducida a lo que
es: un pequeño grupo de mercenarios que han medrado de la siempre conflictiva
política oaxaqueña.
Entonces, el gobierno federal podría
confrontar a los políticos oaxaqueños que patrocinan el movimiento con la
amenaza de exhibirlos públicamente.
Y, posiblemente, entonces se pueda
restablecer la paz en Oaxaca y los oaxaqueños podrán ocuparse de atender los
verdaderos problemas del Estado: el rezago y la desigualdad.
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