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El próximo domingo se elige gobernador en
Tabasco.
Debería ser una elección más, si
viviéramos una normalidad democrática.
No ha sido así, porque el proceso
electoral en Tabasco se convirtió en una reproducción de la contienda de la
elección presidencial.
En la normalidad democrática, habría dos
candidatos enfrentados. El priísta Andrés Granier Melo y el perredista César
Raúl Ojeda.
Pero Andrés Manuel López Obrador decidió
convertir la elección en su oportunidad de recuperarse de la derrota en la
elección presidencial. Y ha desplazado al candidato perredista como actor
central.
El activismo de López Obrador ha hecho
distinta a la campaña para elegir gobernador de Tabasco.
Se han reproducido esquemas de discurso
agresivo de la campaña presidencial.
López Obrador está otra vez en campaña. Y
es tan activa su participación que pareciera que él es el candidato. Y se
reproduce el discurso violento.
Aunque cuatro encuestas muestran al
priísta Granier con ventaja de nueve puntos, el PRD realiza maniobras para
descalificar una elección que siente perdida, y nadie en Tabasco duda que la
elección al final la va a decidir el Tribunal Federal Electoral.
Pero en realidad, Joaquín, para los
tabasqueños la elección es simple:
El próximo domingo, Joaquín, los
tabasqueños van a decidir si quieren a un gobernador que se dedique a atender
los problemas de los tabasqueños, o si quieren a un gobernador que esté más
ocupado en convertir a Tabasco en punta de lanza del movimiento de López
Obrador.
Así de sencilla es la elección en Tabasco,
pero también así de complicada.
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