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Hace poco el embajador de Estados Unidos,
Anthony Garza, advirtió sobre el riesgo que representa la violencia en las
ciudades fronterizas.
El
gobierno foxista dice que exagera el embajador.
Los gobernadores de Baja California y
Chihuahua han pedido apoyo al gobierno federal. Y el apoyo se regatea.
Ah, pero se les critica por no combatir la
violencia.
En ninguna región se siente más el alejamiento
del gobierno federal como en la frontera norte.
Para ilustrar lo injusto de las críticas,
sólo cito un tema que aquí se ha abordado varias veces.
En Chihuahua, se entregó a la PGR una
lista de más de 600 domicilios donde se expende droga. La PGR no ha clausurado
ni una docena.
El actual gobierno, Joaquín, ha realizado
acciones y detenciones espectaculares, pero no ha estado dispuesto a tomar
medidas enérgicas, porque podrían ser políticamente costosas.
En ningún lugar del país es más evidente
la ineficacia de la PGR como en Ciudad Juárez, o en Tijuana, o en Tamaulipas.
No actúan, pero intrigan contra los
gobernadores.
Al menos el Presidente Electo sí reconoce
que la violencia del narcotráfico es el peor desafío que enfrenta el Estado
Mexicano.
Al menos él sí reconoce la existencia del
problema, pero advierte que combatir al narco exigirá, como diría Churchill, de
sangre, sudor y lágrimas.
Pero es una batalla que debe darse.
No se ganará en el corto plazo, advierte
Felipe Calderón.
Claro que no. Lo importante es que sea una
lucha permanente, enérgica, sin miramientos, antes que sea demasiado tarde.
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