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A 10 semanas de que el Presidente Electo
Felipe Calderón asuma la Presidencia de la República, está en marcha, a todo
vapor, la competencia por influir en la designación de los miembros del
gabinete del próximo gobierno.
Hay declaraciones sobre los problemas
nacionales, con la clara intención de colocar al funcionario que podría
atenderlos. Mil presiones sobre el Presidente Electo.
Algunas discretas, otras descaradas. Todas
para colocar a sus favoritos en el gabinete del próximo gobierno.
Es una batalla que será más encarnizada
durante las siguientes semanas.
Semanas durante las cuales leeremos y
escucharemos de innumerables intrigas, del chismorreo y la perversa difusión de
historias y rumores para impulsar a algunos y descalificar a otros.
Una lucha sin cuartel para influir en la
decisión del Presidente Electo.
Todos los que presionan, sean grupos
económicos o grupos políticos, parten de la idea de que el gobierno de Felipe
Calderón funcionará con el mismo estilo con que funcionó el gobierno del
Presidente Fox.
Dijeron que era un manejo gerencial. No es
cierto, fue un manejo desordenado. Los secretarios tuvieron tal autonomía que
resultó en descoordinación y desperdicio de esfuerzos.
Olvidaron que la historia juzga al
Presidente, no al gabinete.
Calderón lo sabe. Sabe también que su
éxito depende de la eficacia y la eficiencia de sus colaboradores. Pero también
del control que se ejerza sobre ellos.
Mientras tanto, Joaquín, está en su apogeo
la batalla por los puestos del gabinete, una batalla que estará, sin duda, a la
altura de los mejores lavaderos de la República.
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