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Aunque estaba fuera del Distrito Federal,
no me sorprendió la noticia de que durante la llamada convención nacional
democrática del pasado sábado fuera elegido presidente legítimo Andrés Manuel
López Obrador.
Como dicen en las sesiones del Congreso,
la votación en el Zócalo de la ciudad de México fue votación económica.
Levanten la mano los que estén de acuerdo. Pues todos estaban de acuerdo.
De alguna manera se abre un período de
incertidumbre, porque hay demasiadas contradicciones en el comportamiento de la
desaparecida coalición para el bien de todos, ahora transformada en el flamante
Frente Amplio Progresista.
Hay contradicciones y desafíos.
Por ejemplo, se supone que la actuación de
López Obrador y su equipo de colaboradores será por supuesto fuera del marco
institucional.
Y es tan amplio el frente que tal parece
que el PRD, o al menos la mayoría de sus dirigentes, están resignados a que el
partido será absorbido. Ah pero seguirán cobrando sus dietas los legisladores
perredistas y el partido sus prerrogativas de las instituciones de lo que
llaman la República simulada.
Alarma también que ya pidan la
expropiación de medios de comunicación. Un salto hacia el antepasado, Joaquín,
el menos democrático.
Por eso, todavía, no termino por entender
hacia donde va el movimiento lanzado por López Obrador.
Eso se podría explicarse porque me dicen
algunos que casi nunca entiendo nada.
Pero también podría ser que ni ellos, ni
López Obrador ni sus pregoneros, tengan claro a dónde van.
Saben cómo empezaron el sábado, pero quizá
no sepan donde terminará todo.
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