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Habrá grito en Dolores Hidalgo. Lo dará el
Presidente Fox.
Y habrá grito en el Zócalo de la Ciudad de
México. Lo dará el jefe de gobierno del DF Alejandro Encinas.
Para muchos seguidores de López Obrador se
trata de un triunfo. Y se auto convencen que igualmente impedirán la toma de
posesión del Presidente Electo Felipe Calderón.
Para los partidarios del Presidente Fox se
trata de un acto de prudencia, de un acto de responsabilidad para evitar males
mayores.
No nos dejemos envolver en la retórica de
partido. Lo importante es que se resolvió sensatamente esta etapa de la
confrontación personal entre el Presidente Fox y López Obrador.
Nadie
pierde ni nadie gana.
Y se llevará a cabo la ceremonia del
Grito, ceremonia que no pertenece a nadie, sino a todos.
Este lance del Grito es la prueba de que
no hay confrontaciones inevitables. Que basta con no arrinconar a los
adversarios. Basta con dejarles una salida decorosa.
Esa es una buena señal.
Como soy optimista, pienso que al final de
cuentas la llamada convención nacional democrática de López Obrador también
transcurrirá pacíficamente. Con los excesos discursivos de siempre, pero
tranquila.
Se trata de un movimiento político que
poco a poco irán asentando las realidades políticas, las realidades de la
política del poder.
Y soy más optimista aún. Pienso que
conforme se acerca la toma de posesión del uno de diciembre, se aligerarán más
las tensiones.
Y la lucha política volverá a tener como
escenario los debates escandalosos del Congreso, no las batallas callejeras.
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