|
Ayer en el Zócalo se escuchó la peregrina
idea de comparar a la llamada Convención Nacional Democrática del próximo
sábado con el Pacto de la Moncloa, pacto del cual surgió la democracia
española.
Es cierto, como dicen algunos, que la
historia se repite. Pero comparar las actividades de la coalición por el bien
de todos con el Pacto de la Moncloa tiene que ser un agotador esfuerzo de
imaginación.
La
llamada transición española fue el resultado de una gestión política
inteligente, pero sobre todo realista.
Salía España de una dictadura de varias
décadas, durante la cual la oposición fue sofocada.
La oposición operaba en la clandestinidad.
Para empezar, se consiguió que el parlamento, totalmente franquista, aprobara
la legalización de los partidos de oposición.
Se legalizó a los partidos de oposición,
desde la izquierda marxista hasta el socialismo moderado.
Una vez legalizados, todos los partidos,
desde la izquierda radical hasta la derecha radical, negociaron una
constitución democrática.
Allá, en España, todos los partidos, desde
la extrema izquierda hasta la extrema derecha, representaban a todos los
españoles. Fijaron unas reglas y las respetaron.
Aquí, Joaquín, la convención nacional
democrática es la expresión más depurada de un sector de la sociedad, muy
importante es cierto, pero que no representa a la mayoría de los mexicanos.
Ni en sueños se puede comparar el
movimiento del Zócalo con el Pacto de la Moncloa.
El del Zócalo nace del desacuerdo.
El pacto de la Moncloa nació del acuerdo,
de un generoso acuerdo político y social.
Hay diferencias, muchas, muchísimas.
|