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Esta mañana, Joaquín, me sentí
reconfortado por la declaración del vocero presidencial acerca de la
gobernabilidad.
Aseguró que hay algunos problemas de
desorden, pero que estamos a años luz de la ingobernabilidad. No hay problemas
de violencia, dijo categóricamente.
Ojalá lo hayan escuchado en esas ciudades
de la República donde la gente está asustada por la ola de asesinatos
perpetrados por las bandas criminales de la delincuencia organizada.
O los michoacanos preocupados por las
decapitaciones. Sobre todo los asistentes al centro nocturno que fueron
sorprendidos por el rodar de cinco cabezas humanas en la pista de baile.
Ojalá y lo entiendan los ciudadanos de
Oaxaca.
Me refiero, claro, a los ciudadanos que no
participan en ese romántico movimiento popular que tanto ha fascinado a los
prófugos de la caída del muro de Berlín.
Ojalá lo entiendan los más de tres mil
ciudadanos sin empleo, gracias a que la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca y
la sección 22 del sindicato nacional de trabajadores de la educación se han
apoderado de la ciudad de Oaxaca.
Ojalá y alguien se los explique a los
padres de familia que ven como sus hijos están a punto de perder dos años de
escuela, porque perdieron el final del pasado ciclo escolar y están perdiendo
el principio del actual.
Ojalá y entiendan todos que unos cuantos
decapitados, unos pocos asesinatos y la capital de un Estado hundido en la
anarquía no es violencia.
Es apenas un pequeño desorden.
Y, claro, parafraseando a Cantinflas, la
autoridad cuida el orden, no el desorden.
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