|
Cada vez es más claro que los políticos
tienen la formidable capacidad de complicar las cosas más sencillas.
Por ejemplo, nuestro sistema electoral. Todos
los estudiosos del extranjero ven con mucho respeto el sistema electoral
mexicano.
Los observadores extranjeros de las
elecciones han elogiado la forma en que fueron conducidas. Y la forma en que se
manejaron las autoridades electorales que nos dimos hace diez años.
Devotos como somos de las novedades, a 10
años de que construimos el actual sistema electoral ya hay quienes quieren cambiarle
hasta el modo de andar.
Parece que no leyeron las propuestas que
contiene el documento con el cual declaró el Tribunal Federal Electoral la
validez de las elecciones.
Por ejemplo. Hay que decidir de una buena
vez por todas si los funcionarios públicos, empezando por el Presidente de la
República, pueden hacer proselitismo desde sus puestos.
Hay que reglamentar las precampañas,
afinar procedimientos durante las elecciones y después de las elecciones.
En fin, hay que afinar nuestro sistema
electoral, para evitarnos más sofocones.
Pero todos, en todos los partidos, han
desempolvado las viejas ideas que, por poco realistas, ni siquiera fueron
tomadas en cuentas en los cubículos de la academia.
Por estamos como estamos. A todos los
políticos y académicos les da por inventar todo cada seis años. No quieren
construir sobre lo que tenemos.
El sistema electoral actual no es
perfecto, pues hay que perfeccionarlo, no reinventarlo.
Todos quieren cubrirse de gloria, todos
quieren hacer la gran reforma electoral, la única, la nunca vista.
|