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Hoy, con la proclamación de Felipe
Calderón como Presidente Electo, el Tribunal Federal Electoral pone fin legal y
jurídico al proceso de la elección presidencial.
Los votos de los siete magistrados fueron
razonados jurídicamente.
Algunos de esos razonamientos fueron
lapidarios. Juzgamos hechos, no quimeras, dijo la magistrada Alfonsina Navarro,
coautora del dictamen.
No se escapó de reproches el Presidente
Fox por su imprudencia al ser actor del proceso electoral. Ni tampoco soslayó
la inconsecuencia del Consejo Coordinador Empresarial con sus spots.
No obstante, juzgaron los seis magistrados
y la magistrada que ninguna de las dos intervenciones fue determinante.
Termina una larga espera de dos meses y
tres días.
Ya sabemos quién es el Presidente Electo.
La pelota está en la cancha de Andrés
Manuel López Obrador y del PRD.
Lo de menos será que rechacen el fallo del
Tribunal Federal Electoral. Eso, al final del día, es el sagrado derecho de
pataleo.
Por supuesto que López Obrador no aceptará
el fallo del Tribunal Federal Electoral.
No va a decirle a sus asambleas
informativas: qué creen, perdimos.
Para eso ideó la “convención nacional
democrática”, para intentar que no decaiga el ánimo.
Están en una encrucijada, tanto López
Obrador como el PRD.
López Obrador ya no tiene nada que perder.
De ahora en adelante, para él todo es ganancia.
El PRD, en cambio, no arriesga el registro
al seguir el sueño de López Obrador.
Lo que arriesga es el capital político que
lo hizo ser la segunda fuerza en el Congreso.
Nada más, pero nada menos.
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