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Si el Presidente Fox no leyó su mensaje en
la Cámara de Diputados es para muchos la culminación de su pleito personal con
Andrés Manuel López Obrador.
No,
Joaquín, pienso que se trata de una etapa más en una confrontación que ya
rebasó el nivel del pleito personal.
Estamos en medio de una peligrosa violencia
verbal, violencia que no es inofensiva y empieza a inquietar a los ciudadanos
de a pie.
El
pasado viernes por la tarde noche había poco tráfico en las calles. Mucha gente
no salió. Unos dicen que por la expectación sobre lo que pudiera ocurrir en la
Cámara de Diputados. Yo pienso que fue por la preocupación.
Pero la gente sigue con su vida, nos dicen.
Sí, Joaquín, pero lo que no entiende la clase política es que pueden pelearse,
insultarse, amenazarse, mientras no amenacen la tranquilidad de la vida de los
ciudadanos.
Y ahora quieren arrastrarnos a todos a sus
pleitos mezquinos.
Unos dicen que todo va maravillosamente,
los otros que todo es un asco.
Mientras, todas las fuerzas políticas,
todas, cultivan irresponsablemente el odio y el rencor.
Pienso que, como yo, ya muchos se
preocupan acerca de cómo terminará esta irracional disputa por el poder.
Ayer, en familia, comenté mi preocupación
por el país que recibirán nuestros hijos.
Mi
nieta Gabriela, de doce años, me respondió con un reproche que tengo que
compartir con los políticos tan consumidos por su ambición de poder.
Sólo dijo: más bien que país nos van a dejar a
nosotros.
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