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Está listo el escenario para que mañana
rinda su último informe de gobierno el Presidente Vicente Fox.
Hay una gran expectación. Y muchas
opiniones acerca del nivel de violencia a que puede llegarse.
Circulan mil versiones acerca de cómo los
159 legisladores del PRD le cobrarán agravios al Presidente Fox, según advirtió
el senador perredista Carlos Navarrete.
Algunos priístas sugieren que, para evitar
mayor escándalo, el Presidente acuda a San Lázaro, entregue su informe por
escrito y se retire. Alegan que el artículo 39 de la Constitución no exige más.
Los panistas dicen que la ley orgánica del
congreso habla de un mensaje del Presidente.
La
verdad, se ve difícil que vayan a permitir que el Presidente Fox lea su
mensaje.
Si lo intenta, el escándalo será
mayúsculo.
Hay, pues, un mal ambiente para lo que
será el último informe del Presidente Fox.
Pero el ambiente, al final de cuentas, es
el resultado de una intencionada política de confrontación enconada durante la
campaña electora.
En Los Pinos le apuestan a que, si no
dejan hablar al Presidente, será visto cómo víctima de la intransigencia.
Es lo más probable que así reaccione la
opinión de la mayoría.
Pero también es lamentable que, hasta el
último informe presidencial, lleven Andrés Manuel López Obrador y el Presidente
Vicente Fox lo que es un pleito personal.
Más lamentable aún es que, por ese pleito
personal, el próximo Presidente vaya a heredar una Nación dividida por el
encono y el odio.
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