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Vaya sacudida que me llevé al leer que
Andrés Manuel López Obrador le dijo al diario francés Le Monde que es posible
que su Convención Nacional Democrática lo proclame el Presidente legítimo de
México.
Esa posibilidad había sido planteada en
café político como un escenario, pero aprendí que no hay que dejarse arrastrar
por la imaginación para plantear alguna hipótesis, siempre se corre el riesgo
de que esa hipótesis se pueda convertir en realidad.
Pero el país tiene muchos otros
pendientes, además de sus conflictos políticos.
Existe el desafío de los capos del
narcotráfico, quienes impunemente empiezan a amedrentar a las sociedades de
varias regiones de la República.
Es tan grave el amedrentamiento, que los
magistrados del Tribunal Superior de Veracruz no están de acuerdo con que los
poderes judiciales locales juzguen los casos de narcomenudeo.
Y sin rodeos nos dicen que los jueces
tienen miedo a las represalias de los capos del narcotráfico. Y no quieren
entrarle a juzgar los casos de narcomenudeo.
Citan como ejemplo el asesinato de un juez
federal del penal de La Palma, todavía impune. Y tantos otros que pasan
inadvertidos.
Es que desde las torres de marfil de los
despachos en el Distrito Federal nadie quiere ver el miedo que empiezan a
sembrar en muchas comunidades de la República.
No
basta decir: que se maten entre ellos, porque también matan y decapitan a
policías y funcionarios de procuración de justicia.
No bastan las detenciones simbólicas, el
combate al narcotráfico tiene que ser en serio.
No
pueden dejar indefensa a la sociedad mexicana.
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