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Después de las elecciones de 1988 que
perdió el Frente Democrático Nacional, una amalgama de organizaciones que
habían postulado a Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República, el
frente te reestructuró y se formó el Partido de la Revolución Democrática.
Con todas sus fallas, el PRD ha conseguido
hasta ahora reagrupar a casi todas las corrientes de la izquierda mexicana, tan
difícil de controlar.
Le dio a la izquierda la posibilidad de
participar en la vida política nacional a través de las instituciones político
electorales. Y ganaron gubernaturas y controlar el gobierno del Distrito
Federal.
Bajo el liderazgo de López Obrador, se
convirtió el PRD en la segunda fuerza política en el Congreso.
Sin embargo, Joaquín, Andrés Manuel López
Obrador ha convocado a una Convención Nacional Democrática. Ya designó a una
comisión organizadora que se encargará de organizar a todos los inconformes con
los resultados de la elección presidencial.
Esa convención será el instrumento para
mantener vivo el movimiento social con que enfrentará lo inevitable: que Felipe
Calderón sea declarado Presidente Electo.
Dicha Convención Nacional Democrática será
una organización de carácter permanente. Y estará por encima de la estructura
del PRD.
Es como volver al pasado, a recrear el
Frente Democrático Nacional de 1988.
Y es curioso que, cuando ha ganado tanto,
el PRD tenga que disolverse en la estructura de la llamada convención
democrática.
Porque, sin duda, la convención nacional
democrática será una organización que responderá a lo que quiera López Obrador.
Será algo así como su muy personal
licencia de manejo.
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