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Ayer, Joaquín, ocurrió el primer incidente
de violencia, cuando un grupo de perredistas del grupo de René Bejarano intentó
tomar la entrada principal del Palacio Legislativo de San Lázaro, bloquearla
con un plantón, a sabiendas de que es el sitio por el que, si el tiempo lo permite,
el Presidente Fox tendría que entrar a rendir su último informe de gobierno.
Fue una celada, ideada para provocar los
golpes y empujones que luego han sido calificados de represión.
Siempre, antes del informe presidencial,
la presidencia de la Cámara de Diputados solicita la protección federal para
garantizar el orden y la seguridad personal del Ejecutivo Federal.
Así que mal hacen los diputados
perredistas en hacerse los sorprendidos.
Los sorprendidos, Joaquín, fuimos los
ciudadanos, al ver a los diputados perredistas desafiando a los policías
federales preventivos.
Sorprendidos al verlos subirse a la grúa que
pretendía retirar los vehículos que transportaban carpas y colchones para el
plantón.
Sorprendidos al verlos trepados en la
pluma de la grúa y forcejear con la policía.
Es, como dije, Joaquín, el primer
incidente violento en esta fase del conflicto postelectoral.
Vienen tiempos más difíciles, pues la
violencia de ayer, como era de esperarse, ha provocado ya declaraciones
desmesuradas y se corre el riesgo de reacciones aún más desmesuradas.
El ala más dura del perredismo, la que
vimos actuar ayer, ya demostró que está dispuesta a multiplicar las
provocaciones.
No hay que tensar tanto la liga de la
paciencia, Joaquín. Un día se puede reventar y el costo lo vamos a pagar todos
los mexicanos.
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