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Ayer, durante una marcha de la Asamblea
Popular del Pueblo de Oaxaca, murió un profesor en circunstancias que no están
todavía suficientemente claras.
Es la primera consecuencia trágica de la
creciente tensión en que se vive en la capital de Oaxaca.
En Oaxaca y en muchos despachos del
Distrito Federal está claro que se trata de un problema político.
Así lo ha reconocido el Secretario de
Gobernación, Carlos Abascal, quien hace pocos días aseguró que hace falta una
salida política para el conflicto de Oaxaca que ya ha durado casi tres meses.
El gobierno del Presidente Fox espera a
que esté en funciones Santiago Creel, para que como líder del Senado, proceda a
promover el reemplazo del gobernador Ulises Ruiz.
Pero, Joaquín, reemplazar a un gobernador
es una operación política muy delicada.
El Presidente Fox y Creel están entre
quienes creen que los Presidentes priístas cambiaban gobernadores así como así.
No, Joaquín, antes de hacerlo realizaban
una cuidadosa negociación con todas las fuerzas reales del Estado donde se
cambiaba gobernador.
Es probable que la situación de Ulises
Ruiz sea insostenible, pero lo que temen en Oaxaca es que la asamblea popular
no se conforme con la renuncia.
Y temen porque saben que Santiago Creel es
experto en retiradas que no son estratégicas, sino más bien huidas
desesperadas, como Atenco.
Una salida política en Oaxaca exige de
pericia política, una cualidad tan escasa en este sexenio, Joaquín.
Sólo queda esperar que no vaya a resultar
peor el remedio que la enfermedad.
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