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Esta mañana, Joaquín, ha empezado el
recuento de los votos de 11,839 casillas.
El proceso terminará el domingo, y
sabremos si los resultados de la elección presidencial se modifican, y, sobre
todo, qué tanto se modifican.
Al final de cuentas, Joaquín, estamos
dentro de los plazos legales y constitucionales de que disponen las autoridades
electorales para resolver el turbulento conflicto postelectoral.
Seguirán las manifestaciones callejeras
del PRD, los bloqueos, los plantones, porque no va a aflojar López Obrador la
presión que ejerce.
Es una incógnita cuánto durarán dichas
manifestaciones callejeras, Joaquín, pero sus objetivos podrían cambiar, pues
ya está por instalarse el nuevo Congreso de la Unión.
En las siguientes tres semanas, Joaquín,
los diputados y senadores electos de la coalición por el bien de todos, tendrán
que acudir a la Cámara de Diputados y a la de Senadores, primero para ser
reconocidos y credencializados legalmente, y segundo para escoger a los
coordinadores de las bancadas, para tener acceso a las prerrogativas de
fracción legislativa.
Esa, Joaquín, es una realidad política.
Están o no adentro del Congreso.
Saben que desde el Congreso pueden ejercer
un poder que no habían tenido hasta ahora, dado el número de senadores y
diputados que tienen.
Y tendrán que decidir, Joaquín, entre el
poder de presión de las manifestaciones callejeras y la fortaleza que otorga
formar parte de un Poder de la Federación.
Tendrán que decidir entre mantenerse
dentro de los cauces de la legalidad política o seguir en la aventura de las
manifestaciones callejeras.
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