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Si uno escucha a los actores políticos,
Enrique, pareciera como si el encono se agravara cada día que pasa.
El bloqueo de Paseo de la Reforma y el
plantón en el Zócalo de la ciudad de México han servido para inyectarle más
violencia al discurso de los partidos.
Los partidarios de Andrés Manuel López
Obrador, a veces rayan en la desmesura con amenazas de más violencia.
Otros, los partidarios de Felipe Calderón,
parecen azuzar el descontento con las tácticas perredistas y se multiplican las
reclamaciones y advertencias.
Mañana, según ha anunciado el Tribunal
Federal Electoral, sesionarán los siete magistrados para revisar las
impugnaciones presentadas por el PRD.
Muchos creen que si es rechazado el fallo
del tribunal el país entraría en una espiral de confrontación, peor que la
actual.
A pesar de todo, pienso que de todas
formas hay esperanzas de que haya diálogo entre las fuerzas políticas.
Anoche, en un programa televisivo, ví a
Alejandro Encinas, jefe del gobierno del Distrito Federal, a Enrique Peña,
gobernador del Estado de México y al gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez
Acuña, discutir sobre la situación política, fue un diálogo muy civilizado,
ejemplarmente civilizado.
Eso me lleva a concluir que a pesar de las
estridencias y de las declaraciones exageradas, sí es posible que los actores
políticos se sienten a dialogar.
Ojalá y mi optimismo no sea como el de aquel
niño que recibió como regalo una caja llena de estiércol y que corría por la
casa buscando el caballo que creía le habían regalado.
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