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Es evidente que, a pesar de las
explicaciones y justificaciones que han dado Andrés Manuel López Obrador y los
dirigentes del PRD, al menos en la ciudad de México cunde el descontento a
causa de los plantones que han bloqueado el Paseo de la Reforma y otras
importantes vialidades del centro de la capital de la República.
Entrevistas y declaraciones reflejan el
descontento ciudadano.
El gobierno federal dice estar muy
preocupado. Exige respeto a los derechos de los ciudadanos del Distrito
Federal.
Aquí estamos hartos con tres días de
bloqueos callejeros, mientras que en Oaxaca van casi noventa días de tener
sitiada su capital por los profesores de la sección 22 y por el hampa política.
Aquí
el gobierno federal espera que el gobierno de la ciudad de México le pida
ayuda.
Desde Oaxaca han pedido y le piden ayuda.
Ni los ven, ni los oyen. No oyen a la sociedad oaxaqueña, harta y desesperada. Nadie
hace nada mientras la capital de Oaxaca languidece social y económicamente por
la violencia de grupos radicales.
Aquí clamamos por tres días de bloqueo. En
Oaxaca se sienten abandonados, porque allá ya están por cumplirse tres meses de
que el centro histórico se ha convertido en tierra de nadie.
Lástima que haya dos varas para medir los
conflictos.
Tal parece que en el gobierno del cambio,
tan democrático, creen todavía que fuera de México todo es Cuautitlán. Que,
como decían los aztecas, aquí está el ombligo del mundo.
Es como si para el gobierno del cambio no
existiera el pacto federal.
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