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Sigue la ofensiva propagandística que
tiene como objetivo convencernos de que en las elecciones presidenciales del
pasado 2 de julio hubo un gran fraude electoral.
He escuchado y leído las argumentaciones
expuestas en entrevistas y conferencias de prensa que alegan que hubo fraude
electoral.
He tenido la oportunidad de participar en
las actividades de casilla cuando menos en cuatro ocasiones. En todas ellas
como representante de partido.
Ví operar al viejo sistema electoral, al
que funcionó hasta 1996, cuando se hizo la reforma que lo cambió radicalmente.
Yo sí sé lo que es una elección de Estado.
El actual proceso electoral nos ha dado
elecciones razonablemente limpias. No se puede pedir más, porque elecciones
perfectas ni en el cielo, porque allá no hay elecciones.
Por eso no creo lo del fraude en la
elección presidencial. Entiendo la acusación como argumento político, no como
argumento legal y jurídico.
Para el PRD es vital mantener vivo el
entusiasmo hasta que el Tribunal Federal Electoral dicte su fallo. Eso lo
entiendo.
No entiendo como hablan de fraude en la
elección presidencial y no se quejan de las elecciones de diputados y
senadores. Los mismos funcionarios instalaron las casillas, contaron los votos
y escribieron las actas.
Y
menos entiendo que el discurso perredista, en su desmesura, no tenga escrúpulos
para dinamitar al IFE, porque a alguien tienen que culpar de sus errores
tácticos y de su exceso de confianza.
Ahora dinamitan al IFE, ¿qué harán contra el
Tribunal Federal Electoral si no falla en su favor?
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