|
Por alguna razón no se han terminado las
obras complementarias del segundo piso del periférico.
Los camellones que separan los carriles
centrales de los carriles laterales no han podido terminarlos. Ni siquiera
deciden dónde habrá entradas y salidas de los carriles centrales.
Entre la Avenida San Antonio y Barranca de
Muerto se la han pasado haciendo cambios, destruyen parte de los camellones,
para luego construirlos de nuevo, ponen jardinería, la quitan para luego
reponerla.
Se comportan con la misma veleidad que el
millonario Atenor Patiño cuando se construía el centro turístico de Las Hadas,
en Manzanillo, Colima.
Dicen quienes participaron en los trabajos
de Las Hadas, Joaquín, que de pronto decidía el señor Patiño que había que
cambiar el color de las habitaciones, de todas. Y, pues a cambiarlo, o levantar
10 centímetros las ventanas. Y, pues a levantarlas. Cambiar el diseño de las
cortinas. A cambiarlo. No importaba el costo.
La diferencia es que en el caso de los
camellones del Periférico se trata de una obra pública, con claras
especificaciones de cómo tendría que ser, y con límites de presupuesto.
No pueden seguir destruyendo y
construyendo. No pueden derrochar así el dinero.
En el centro turístico de Las Hadas el
millonario Atenor Patiño gastaba su propio dinero, lo derrochaba para
satisfacer sus caprichos.
Pero los encargados de las obras del
segundo piso no tienen derecho a derrochar el dinero, mucho menos a cambios
caprichosos, porque el dinero que ellos gastan es nuestro, proviene de nuestros
impuestos.
|