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En los 18 días transcurridos desde las
elecciones, Joaquín, hemos sido testigos como, poco a poco, los dos punteros en
los resultados electorales siguen en ruta de colisión.
Como soy un incorregible optimista, pienso
que cuando el Tribunal Federal Electoral de a conocer su fallo, cuando
dictamine la validez de las elecciones presidenciales y nos diga quién es el
Presidente Electo, seguramente entre los políticos empezarán a regresar la
calma.
Confiemos que los intereses de los
políticos empiecen a infundirle más racionalidad al debate actual.
Después de todo, la esencia de la política
son el diálogo y la negociación.
Ellos, los políticos, saben que llegará el
momento en que deberán dialogar y negociar con sus adversarios.
Saben que, aunque no quieran, tendrán que
ponerse de acuerdo, a menos que se quieran quedar como espectadores del proceso
político y del proceso legislativo.
Todavía no ha fallado el Tribunal Federal
Electoral, luego, todavía no sabemos quién será el próximo Presidente de
México.
Mientras eso ocurra habrá gritos y
sombrerazos, pero pronto será tiempo de que el discurso escandaloso de los
políticos tanga que bajar de tono.
Y será entonces cuando en todos los
partidos deba realizarse una tarea muy importante: la tarea de convencer a los
seguidores que ya pasó la hora de los pleitos, que ya llegó la hora de la
reconciliación.
Esa es la tarea fundamental, porque los
dirigentes se pueden poner de acuerdo y darse un gran abrazo, pero allá abajo,
entre las infanterías, ¿quién reconcilia?
Hasta ahora no parece que nadie quiera
hacerlo.
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