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Hay una escalada en el debate entre el PAN
y el PRD. Algunos panistas modositos, otros no tanto, y no pocos perredistas
que no están dispuestos a ceder.
Tal
parece que ni el panismo de Felipe Calderón ni el perredismo de Andrés Manuel
López Obrador están dispuestos a guardar silencio.
Ninguno de los dos quiere esperar a que el
Tribunal Federal Electoral dicte su falle sobre la elección presidencial.
Se disputan los espacios informativos,
todos los espacios informativos.
Han entablado una guerra mediática que
sólo ha conseguido aumentar la tensión entre panistas y perredistas.
El riesgo de que haya tanta tensión, tanta
crispación, es que alguien puede hacer un movimiento en falso y desatar una
violencia que nadie queremos, pero que muchos no quieren hacer nada para
evitarla.
Cuando la violencia estalla
espontáneamente, se pierde el control.
Uno de los teóricos de la guerra termonuclear,
Herman Kahn, escribió una fábula para ilustrar lo que ocurre cuando estalla una
batalla sin preparativos.
Cuenta Kahn:
Los dos adversarios se encontraron para
negociar en el campo de Camlan, con todas sus tropas. Ambos bandos estaban perfectamente
armados y sospechaban que su adversario intentaría alguna treta.
Las
negociaciones marchaban bien. De pronto uno de los caballeros fue picado por
una serpiente y desenvainó la espada para matar al reptil.
Los otros al ver una espada desenvainada
se lanzaron unos contra otros. Fue una espantosa matanza.
Si aumenta la tensión por los discursos
irresponsables de perredistas y panistas, Joaquín, cualquier chispa podría
iniciar un incendio.
Y el pasto está muy seco.
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