|
Desde hace más de una semana se dijo en
este tu espacio, Joaquín, que Andrés Manuel López Obrador tiene una difícil,
muy difícil tarea en esta batalla por la impugnación de los resultados de la
elección presidencial.
Todos sabemos que será el Tribunal Federal
Electoral quien decidirá sobre la validez de la elección del pasado 2 de julio
y antes del 6 de septiembre dictaminará quien es el Presidente Electo de
México.
Para los que sólo somos observadores o
comentaristas, Joaquín, todo debiera reducirse a esperar qué decide el
Tribunal.
Eso es lo lógico, lo institucional, dicen
muchos. Pero la política, aunque tiene lógica, opera en el campo de las emociones.
Emociones como el desaliento entre los
partidarios de quienes pierden. Y como la frustración producida por la derrota.
López Obrador tiene que evitar que quienes
votaron por él pierdan la esperanza, tiene que impedir el desaliento y combatir
la frustración.
Por eso insiste en que él ganó, por eso
los alegatos de fraude y el tono exagerado de muchas declaraciones.
Sabe que la última palabra la tiene el
Tribunal Federal Electoral y actúa como todos los políticos, declara, amaga,
presiona, para intentar que el fallo del Trife sea a su favor. El puede
esperar, pero sus partidarios no.
Es natural el discurso exagerado, a veces
hasta agresivo. Sólo hay que evitar que se lo crean algunos de los más cercanos
colaboradores.
Pero sobre todo debe López Obrador llamar
a la prudencia a su equipo de campaña.
Persistencia, es la clave, pero también
prudencia, mucha prudencia.
|