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Impresionante, realmente impresionante,
Joaquín, la manifestación de ayer en apoyo a las exigencias de recuento voto
por voto, casilla por casilla que hace Andrés Manuel López Obrador.
Una manifestación que, junto con el
llamado a la resistencia civil, encuadra en la estrategia que tiene
confrontados al PRD y al PAN en una encarnizada disputa postelectoral por la
Presidencia de la República.
Así, Joaquín, las élites políticas de la
República mantienen una efervescencia tal que hacen que la sociedad ignore
señales que deberían alarmarla.
En Tamaulipas, un grupo de sicarios
entraron a un hospital a rematar a un funcionario policíaco que había resultado
herido en un atentado.
En Acapulco no cesan las ejecuciones del
narco. Y ahora en Tabasco, otro grupo de sicarios intentó rescatar a compañeros
presos, provocando un enfrentamiento que costó la vida de cuando menos dos
personas, algunos vehículos incendiados y hasta algunas casas chamuscadas.
En Oaxaca, el movimiento crecientemente
violento de los dizque maestros impide la celebración de la Guelaguetza. Y para
colmo en la radio universitaria hubo llamados para que la gente saliera a la
calle con las armas que tuviera a mano.
Pero como vivimos en el país de no pasa
nada, ninguna autoridad parece desvelarse por esta creciente violencia. Una
delincuencial y otra política.
Nuestras élites, insisto, Joaquín, están
ocupadas en otras cosas.
Y para el hampa del narcotráfico y para el
hampa de la política, eso es vivir en el mejor de los mundos.
El mundo de la impunidad.
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