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Ya presentó el PRD ante el Tribunal
Federal Electoral sus impugnaciones a la elección presidencial.
Conste, sólo a la elección presidencial,
pues hasta hora no han dicho nada sobre las elecciones de diputados y
senadores.
Porque, y hasta donde recuerdo, el 2 de
julio millones de ciudadanos votamos para elegir diputados y senadores en las
mismas casillas y al mismo tiempo que se votó por Presidente de la República.
En esos dos procesos no hubo
irregularidades, sólo en la elección de Presidente de la República, según los
perredistas.
En medio de los fuegos artificiales de las
declaraciones nos queda claro algo: hasta que se cerraron las casillas y se
hizo el cómputo de votos en las 130 mil que se instalaron en todo el país,
nadie se quejó de fraude.
Eso, Joaquín, debemos tenerlo muy presente
en las próximas siete semanas y media, en que las impugnaciones del PRD serán
revisadas en el tribunal Federal Electoral.
Lo que cuenta de ahora en adelante son los
argumentos jurídicos. Nada más, pero nada menos.
Los magistrados del Trife recibirán
presiones como nunca en los diez años de existencia del tribunal.
Serán sometidos a prueba su temple y su
integridad.
López Obrador y el PRD están en su derecho
a impugnar.
Nosotros también tenemos derecho a
exigirle al Tribunal Federal Electoral que utilice criterios jurídicos y no
criterios políticos para decidir.
Que no les dé por la creatividad y que nos
digan quién será el próximo Presidente de México, sólo a partir de sólidos
criterios jurídicos.
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