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A los candidatos presidenciales les
quedan, Joaquín, sólo cinco días de campaña a partir de hoy.
Ya no habrá encuestas como referencia.
Si, como dicen, esto está tan competido,
pues más les vale a los candidatos a la Presidencia hacer maravillas en sus
cierres de campaña.
Los veremos en los medios masivos, casi
tendremos pesadillas con los innumerables spots
que veremos en la radio y la televisión, pero no hay otra forma para que los
candidatos presidenciales consigan inclinar a su favor a los votantes
indecisos.
Yo estoy entre esos votantes díscolos que
decidirán en los próximos nueve días por quien votaré. En una de esas, la
decisión final la tomo ya cuando tenga ante mí la boleta.
Porque, además, no está fácil decidirse,
Joaquín. Hemos estado atentos a la carrera por la Presidencia, pero el día de
la elección aquí en el Distrito Federal nos entregarán nueve boletas para
marcar nuestras preferencias.
Cómo decía esta mañana la encuestadora
María de las Heras, ¿y ahora qué hago con tanto papelerío?
Y ni modo de esperar que descienda una
paloma celestial o nos ilumine un rayo de súbita inspiración.
Esa es la bendita incertidumbre de estas
elecciones, elecciones cuyo resultado parece depender de tantos que no hemos
decidido por quiénes votar.
Así que, Joaquín, más vale que los
candidatos presidenciales se ganen nuestro voto en los cinco días que les
quedan de campaña.
Y
los orgullosamente indecisos tendremos nuestros cinco días de gloria.
Les diremos a los candidatos aquello de
Los Polivoces:
“Gánenme, gánenme...”
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