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En las últimas semanas, Joaquín, se han
difundido en todos los medios las afirmaciones perversas que intentan arrojar
una sombra de sospecha sobre el Instituto Federal Electoral.
El IFE, Joaquín, es el resultado de un
largo proceso para tener elecciones limpias, que reflejen fielmente la voluntad
de los votantes.
Y hay tantos candados en el IFE, tantos
controles acordados por los partidos políticos, que aunque quisiera, el IFE no
podría ser parcial en el proceso electoral.
Es difícil mantener actualizado el padrón
electoral. Primero, porque no se puede dar de baja a quienes fallecen hasta que
llegue la notificación oficial de los registros civiles.
También hay muchos cambios de domicilio
que no alcanzan a ser detectados. Porque no tenemos la costumbre de reportar
oportunamente esos cambios de domicilio.
Mienten los que dicen que una persona
puede votar por otra o que los muertos pueden votar. ¿No saben acaso que las
listas que estarán en las casillas tienen la foto del ciudadano y que esta foto
se coteja allí, en la casilla con la de la credencial de elector?
Lo saben, pero mienten, Joaquín, y mienten
por ignorancia, porque quieren justificar una posible derrota.
Los que pierdan no será por fraude,
perderán porque así lo decidimos los ciudadanos que vayamos a votar.
El 3 de julio, si la elección es cerrada,
no estará a prueba la solidez del IFE, estarán a prueba aquellos partidos para
quienes la democracia sólo es buena cuando ellos ganan.
Nos tendrán que demostrar que son
demócratas en los hechos, no sólo en el discurso.
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