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En este tu espacio, se ha definido a la
política como el terreno de la sin razón y la mala fe.
Nunca, como ahora, ha sido más válida esa
definición.
El
discurso exuberante, exagerado, y muchas veces exaltado, ha sido la constante
en esta campaña por la Presidencia.
Y, como parte de esa exaltada actividad
propagandística, vivimos en medio de una verdadera guerra de desinformación.
Es, sin duda, el resultado de la intensa
competencia por el voto en que se han convertido las campañas electorales, no
sólo la presidencial, sino todas las campañas electorales.
Y, la verdad, Joaquín, no estamos
acostumbrados a una competencia así, no porque no haya existido antes, siempre
existió, igual que siempre hubo conflictos entre políticos y en el seno de los
partidos.
Pero nunca una competencia tan abierta,
tan pública, donde a nadie la importa derribar cualquier barrera para ganar
votos.
Las campañas son para ganar, pero nunca a
costa de dividir a la sociedad explotando el rencor social.
Es irresponsable el discurso del rencor,
porque confronta a los grupos sociales y hace difícil, cuando no imposible, un
diálogo que conduzca a los acuerdos.
El pacto de civilidad firmado ayer, quizá
es insuficiente, pero es necesario, porque abre la posibilidad del diálogo
entre las fuerzas políticas.
Conviene todo aquello que facilita el
diálogo entre las fuerzas políticas.
No olvidemos las lecciones de la historia.
Los países se desgarran cuando el diálogo es imposible entre las fuerzas
políticas.
Posibilitar el diálogo es responsabilidad
de todos, pero especialmente de los políticos, Joaquín.
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