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En medio de los fuegos artificiales de una
acalorada campaña por la Presidencia, pasó casi inadvertida una reciente
reunión entre el Secretario de Agricultura Francisco Mayorga y el subsecretario
de Agricultura de Estados Unidos J.B. Penn.
El subsecretario de agricultura
norteamericano, anuncia dos compromisos de México: la desaparición del impuesto
a la fructosa y la libre importación de maíz y fríjol estadounidense.
El impuesto a la fructosa norteamericana
lo aprobó el Congreso, porque Estados Unidos no quiere cumplir con el TLC. Se
niega a importar los excedentes de producción de azúcar mexicana, pero sí
quiere vender libremente su fructosa.
Como siempre, la ley del embudo.
Lo otro, el libre ingreso del maíz y
fríjol norteamericanos está en el TLC. Pero sabemos que los productores
mexicanos no resistirán la competencia de los agricultores norteamericanos,
porque ellos, los norteamericanos, reciben uno de los subsidios más altos del
mundo. Y con esos subsidios, pues no hay competencia, simplemente arrasarán con
los productores mexicanos.
Ni el arancel a la fructosa ni la
importación de maíz y fríjol es algo que urja a México. Les urge a los
norteamericanos.
Les urge para ganar votos allá en año de
elecciones legislativas.
Nadie les ha dicho que a su gobierno sólo
le quedan cinco meses y medio.
¿Cuál era el apuro? ¿No podía esperarse a
la elección, para consultarlo con su sucesor?
Caray, Joaquín, hasta en los detestables
gobiernos priístas los presidentes evitaban hacer compromisos a nombre de sus
sucesores.
Y todo para complacer a los
norteamericanos. Mal, Joaquín, muy mal.
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