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Por fin veremos a los cinco candidatos
presidenciales en un debate.
Ahora sí estará Andrés Manuel López
Obrador, lo cual ha creado cierta expectación, por verlo enfrentar por primera
vez a sus adversarios.
Los debates ya son parte del escenario
político, algo normal, pero esa normalidad ha sido ensombrecida por el atentado
sufrido esta mañana por la esposa del señor Carlos Ahumada.
A esta hora, no sé si la señora Ahumada ya
haya dado a conocer los videos que ofreció hacer públicos, pero es innegable
que el atentado de alguna manera se relaciona con esos videos.
Es posible que tenga razón el vocero
presidencial Rubén Aguilar cuando considera que el hecho de que hayan baleado
la camioneta en que viajaban la señora Ahumada y sus hijos es un incidente
aislado.
Aunque sea un incidente aislado, Joaquín,
involucró a la familia de Carlos Ahumada. Y si cualquier violencia es
inaceptable, es repugnante que un incidente violento involucre a la familia de
una persona, por polémica y cuestionada que sea esa persona.
Es la consecuencia de la actual
crispación, la demostración de que las campañas sucias y la violencia verbal no
son inofensivas.
Es
posible que en otras naciones las campañas sucias sean normales, igual que la
violencia verbal, pero lo ocurrido esta mañana muestra que aquí en México,
todavía no son normales.
Es mucha gente, demasiada, a quienes la
violencia verbal conduce a la violencia física.
¡Qué bueno sería que todos los candidatos
presidenciales rechazaran la violencia esta noche y para empezar se dieran la
mano, se saludaran!
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