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Hace 11 días, en Oaxaca, los maestros de
la sección 22 del SNTE iniciaron su movilización en demanda de más dinero y más
prestaciones.
Hace
once días, Joaquín, que 22 manzanas del centro histórico de la Ciudad de Oaxaca
están ocupados por las carpas, anafres y, claro, por los miles de manifestantes
y los habitantes sufren hasta el vandalismo y abusos de los llamados maestros.
Y nadie se ensucia las manos aplicando la
ley, desde hace 11 días el centro histórico de Oaxaca es un foco de inseguridad
para los ciudadanos. Pero hasta ayer, acá en el altiplano, nos dimos cuentas
que hay un problema en Oaxaca.
Y eso porque los maestros manifestantes
ocuparon el aeropuerto y trastornaron la comunicación aérea a Oaxaca.
Si no hubieran bloqueado el aeropuerto,
desde el altiplano seguiríamos ignorando la gravedad de la situación.
“Eso ocurre todos los años”, alegan
algunos. Bueno, pues entonces que cada mayo cancelen actividades en Oaxaca.
El gobierno federal, al más puro estilo de
Pilatos, se lava las manos. “Es un problema estatal”, dicen en Los Pinos y en
Bucareli. No, Joaquín, porque una de las demandas es reclasificar la zona
oaxaqueña, para equipararla con Chiapas. Y eso sólo lo puede hacer el gobierno
federal.
El problema es resultado de la
descentralización educativa, pues sólo se descentralizaron carencias.
Ya les ofrecieron sesenta millones para
mejorar salarios y prestaciones, quieren más.
Mientras, millones de niños no tienen
clases.
Y los funcionarios, los políticos y los
líderes sindicales se lavan las manos.
¡Cuánta irresponsabilidad, Joaquín!
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