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Faltan 37 días para las elecciones
presidenciales.
No sabemos, Joaquín, si los resultados de
los comicios serán muy cerrados o si alguno de los candidatos presidenciales
saldrá con una holgada ventaja.
Eso estará en manos de los 71 millones de
votantes que figuran en la lista nominal.
Dependerá de aquellos que decidan ir a las
urnas el 2 de julio.
Y para atraer el favor de una mayoría de
esos votantes los partidos y sus candidatos harán lo que sea, Joaquín.
Se multiplicarán los spots agresivos, escucharemos innumerables acusaciones y
descalificaciones.
Algunos actores políticos empiezan a
lanzar acusaciones contra las instituciones electorales, Joaquín.
No hay que creerles.
El sistema electoral creado en 1996, con
el IFE que organiza las elecciones y el Tribunal Federal Electoral que resuelve
los conflictos, México ha conseguido que haya elecciones limpias.
Hace unos días, quien fuera el primer
consejero presidente del IFE, José Woldenberg, dijo que no hay posibilidad de
alterar los resultados electorales.
Eso sólo significa que los resultados que
de a conocer el IFE la noche del 2 de julio, reflejarán la voluntad de los que
hayan votado.
No todos los países pueden decir lo mismo.
Ahí están las elecciones presidenciales de Estados Unidos, donde fallaron los
sistemas electorales.
Por haber nacido de la desconfianza, el
sistema electoral mexicano es de los más complejos del mundo. Y eso garantiza
la limpieza de las elecciones.
Entonces, propongo que defendamos a las
instituciones electorales que tenemos.
Porque al hacerlo, Joaquín, estaremos
defendiendo nuestros votos.
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