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Desde ayer, la ciudad de Oaxaca está
sitiada, Joaquín, sitiada como todos los años por ésos que se dicen maestros.
Han acampado en casi todas las calles del
centro de la capital oaxaqueña, Joaquín.
Ocurre todos los años, pero eso no hace
menos perjudicial un paro de esta naturaleza.
Se dicen miembros del Sindicato Nacional
de Maestros, del SNTE. Es de suponerse que se trata de una de esas secciones
disidentes, pero también irresponsables, Joaquín.
Se trata, aseguran allá en Oaxaca, de un
movimiento político, no lo dudo.
Obviamente, miles de niños se han quedado
sin clases. Y se quedan sin clases, Joaquín, cuando estamos cerca de que
termine el año escolar, cuando están los chicos en la etapa en que se preparan
los exámenes finales.
Hay tanta indignación de los padres de
familia que han empezado a pagar spots en las radiodifusoras oaxaqueñas para
exigirles que regresen a clases.
El magisterio, Joaquín, es una profesión
noble, trascendente para la Nación, porque los maestros son el pivote de la
educación, de esa educación en torno a la cual gira la solución de la mayoría
de los problemas de México.
Porque si no mejora la educación en
México, Joaquín, no habrá recursos humanos preparados para que haya desarrollo,
para que haya empleo, para que haya mejores expectativas para todos.
Pero, ¿cómo mejorar la educación con maestros
que se comportan como salvajes?
En lugar de ser parte de la solución del
problema educativo, Joaquín, se convierten en problema. Y quizá en el problema
más grande para la educación en México.
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