|
A
40 días de las elecciones presidenciales estamos sumergidos en oleadas de
acusaciones, de recriminaciones y descalificaciones.
Esa, me han dicho, es la normalidad
democrática. No lo sé, Joaquín.
A veces parece que los candidatos
presidenciales y sus partidos están inmersos en una acalorada discusión entre
ellos. Es una discusión a la cual no nos invitan a nosotros, a los ciudadanos
cuyo voto necesitan.
Y los problemas reales, aquellos que deben
ser atendidos, quedan al margen de esas discusiones, a veces tan escandalosas,
Joaquín, que llegan a ser triviales.
Por eso me llamaron la atención las
reflexiones que hizo Enrique Jackson, el líder del Senado, ante un grupo de
estudiantes canadienses, norteamericanos y mexicanos.
La competencia política, dijo, es sólo de
ocurrencias, a ver quién puede descalificar más y tener frases felices, en
lugar de proponer soluciones efectivas.
Aseguró que la competencia política está
desierta de ideas, de parte de los candidatos, ideas que aborden los problemas
nacionales.
Creo que tiene razón, Joaquín.
Quien quiera que gane la Presidencia de la
República tendrá que enfrentar el problema de la inseguridad, de la violencia
arrogante del narco, el desempleo y, si nos ponemos exigentes, el asunto de las
pensiones cuya crisis podría ser de terribles consecuencias sociales y
económicas.
Hacen propuestas ligeras, poco
reflexionadas, como lo demuestran las calificaciones de Lupa Ciudadana que en
tu espacio se dan a conocer todos los lunes.
Dice José Woldenberg que la democracia
mexicana es apenas germinal.
Quizá por eso, Joaquín, la campaña es
todavía un desierto de ideas.
|