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A 44 días de las elecciones
presidenciales, Joaquín, es natural que se multipliquen las denuncias y las
descalificaciones.
Por lo mismo, creo que los ciudadanos de a
pie no debemos dejarnos impresionar por la polvareda que levantó el escándalo de
la propuesta indecorosa del Presidente Fox al dirigente del Partido Verde Jorge
Emilio González.
Como Jack el destripador, vamos por
partes.
Para empezar, las reuniones del Niño Verde
con el Presidente fueron en octubre y noviembre del año pasado. Y todavía no
era oficial la alianza del Partido Verde con el PRI. No había empezado la
campaña.
Entonces, no hay delito electoral.
¿Por qué se revela hasta ahora? Bueno,
pues porque la oposición consideró que era el momento políticamente adecuado
para hacerlo. Así de simple.
Aquellas charlas, entonces, no fueron injerencia
en el proceso electoral por parte del Presidente Fox.
Lo que sí hubo y eso hay que subrayarlo es
una muestra más de ese estilito tosco y rudimentario del quehacer político del
Presidente Fox.
Pudo dejar la tarea al dirigente nacional
del PAN Manuel Espino, aunque no hubiera mejorado el estilo. Como es Espino,
quizá hubiera empeorado.
El error, ese sí grave del Presidente Fox,
fue dejarse arrastrar por sus emociones al plantear la propuesta indecorosa.
“No dejaré que ganen López Obrador o Madrazo”, alegan que dijo el Presidente
Fox.
Un Presidente de la República siempre debe
valorar el peso de sus palabras. Otra vez, no lo hizo el Presidente Fox.
Y ese, Joaquín, no es un delito electoral,
es un atentado al sentido común.
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