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Ayer ocurrió un incidente durante un mitin
de Felipe Calderón en Cárdenas, Tabasco.
Fue eso, Joaquín, un incidente. Gritos de
perredistas y lanzamiento de huevos y algunos objetos contra el candidato
presidencial del PAN, algunos jaloneos y una agresión física contra un
candidato panista a senador.
Fue sólo el desbordamiento de la pasión
política, dirán algunos.
Quizá, pero hay que prevenirse.
Sería una exageración atribuirle al
candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador o a los dirigentes
de ese partido la responsabilidad del incidente, porque en los hechos siempre
es difícil controlar a los partidarios más exaltados.
Faltan cincuenta y un días para las
elecciones presidenciales. Lapso durante el cual se intensificarán las campañas
negativas. Y, por supuesto, el discurso será violento con mucha frecuencia.
Ya aprendimos, Joaquín, que la violencia
verbal no es inofensiva.
Es responsabilidad de los candidatos
presidenciales y sus partidos evitar que se desborde la violencia verbal en las
semanas que nos quedan de campaña, para que no se repitan incidentes como el de
Cárdenas, Tabasco.
Ayer agredieron a Felipe Calderón, mañana
puede cualquiera otro candidato.
Ayer gritaron y arrojaron huevos, mañana,
quien sabe.
Ayer agredieron físicamente a un candidato
a senador, mañana puede ser cualquiera de los candidatos a la Presidencia.
Hay personas a quienes la violencia verbal
convierte en fanáticos extremistas.
Los candidatos y sus partidos deben
controlar a sus partidarios. Y controlar la violencia verbal.
No alentemos a los fanáticos extremistas
que pululan en todos los partidos.
Por favor, no despertemos a los demonios
del México bárbaro.
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