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Una cosa es la perspectiva que de la
pobreza y sus repercusiones, en la democracia, tenemos en los foros políticos y
en la academia.
En el México real, Joaquín, las personas
tienen su propia y personal perspectiva.
Doy ejemplos: el programa Solidaridad
arrancó en Oaxaca. Se consultó a las comunidades, a todas las cabeceras
municipales, cuál era la obra que deseaban se hiciera primero. La abrumadora
mayoría no pidió agua potable, no pidió electricidad, no pidió caminos: pidió
una casa comunitaria.
Una de los desconcertantes hallazgos del
Programa Progresa, ahora Oportunidades, fue que muchos presidentes municipales,
con presupuestos raquíticos, de pronto tuvieron dinero. Y en lugar de
invertirlo, lo han gastado en pagar la nómina y muchos empleados municipales
por primera vez recibieron sus salarios a tiempo.
El tercer ejemplo. De Durango llega la
información que muchos campesinos no gastan el dinero de Procampo en la
explotación de sus tierras, Joaquín. Lo gastan en alimentos.
Esa es la realidad, Joaquín, Ese es el
México real.
Y ahora que ya vienen las elecciones, para
desencanto de quienes creemos en la democracia liberal, esa realidad lacerante
de tantas comunidades, de tantos mexicanos, Joaquín, hará que su comportamiento
el dos de julio sea muy distinto a los estándares ideales.
Para ellos no hay delitos electorales, los
que haya serán muy difíciles de probar,
porque allá en el México profundo, en el México real, las necesidades
son muchas, y la gente es vulnerable.
Allá en el México real, en el México
profundo, Joaquín, se piensa que primero es comer que ser cristiano.
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