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Tu auditorio debe recordar cómo, en la
película Señor de los Anillos, el protagonista Aragorn se interna por un oscuro
camino que conduce al mundo de los muertos condenados a vivir penando
eternamente.
Esta mañana, durante la entrevista del tal
“Marcos”, Joaquín, me pareció que invita a los mexicanos a entrar en otro
oscuro camino, el que conduce a la nada.
Ahora exige la liberación de los detenidos
en Atenco, aún de los golpeadores de policías. Ni se ocupa de pedir castigo
para los policías golpeadores.
Amaga con movilizaciones a nivel nacional.
Amenaza con derrocar al próximo gobierno, sin importar quien gana.
La democracia no le importa a estos
radicales, que se dicen de izquierda, como no les importa a los radicales de la
derecha.
Desprecian a la democracia, desprecian a
todos los políticos que actúan en el marco de las instituciones de la
República.
Al
escuchar a Marcos, Joaquín, escuché las palabras de los grandes
simplificadores, los que reducen la historia a una visión distorsionada de la
lucha entre el bien y el mal.
Escuché la voz de aquellos que creen que,
como en el mundo están mezclados el bien y el mal, hay que destruir lo bueno y
lo malo, para destruir al mal.
Es
un pensamiento tan destructivo, Joaquín, tan implacablemente violento, que
hasta los constructores del socialismo marxista los fusilaron a la primera
oportunidad.
Después de todo, Joaquín, la utopía
marxista ofrece también una esperanza. Y los radicales como Marcos sólo ofrecen
desesperanza.
Ese fue el Marcos que yo, Joaquín, escuché
esta mañana en televisión nacional.
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