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Hasta hoy, cuando ví algunas escenas de
las dos marchas organizadas por los grandes gajos en que se ha dividido el
sindicalismo mexicano empecé a entender el curso del conflicto minero.
El mitin del Congreso del Trabajo lo
encabezó Víctor Flores, y el único orador fue Elías Morales, el dirigente de
los mineros que recibió la bendición de la Secretaría del Trabajo.
Recordé que Napoleón Gómez Urrutia impulsó
al dirigente de la CROC para que dirigiera el Congreso del Trabajo e impidiera
la reelección de Víctor Flores.
Esa es una razón más que poderosa para que
el Congreso del Trabajo no se una con el llamado Frente Sindical Nacional.
Víctor Flores no va a apoyar a los que quisieron destronarlo.
Aplicaría el gobierno del Presidente Fox
la táctica de divide y vencerás. Dividido el sindicalismo no será un adversario
tan temible, calculan en el gobierno.
Eso
explicaría la lentitud de las negociaciones del gobierno con los mineros,
salvo, por ejemplo la promesa de retirar las acusaciones penales contra los que
ocupan la planta de Sicartsa.
Innegable la división entre los
sindicatos, Joaquín.
Sólo los une una cosa: la exigencia de
respeto a la autonomía sindical, la cual todos sienten amenazada.
Todos los sindicatos, hasta los aliados
del Presidente hablan de proteger esa autonomía.
Si el gobierno le apuesta al dejar hacer y
dejar pasar, al total ya se cansarán, podría sembrar la semilla de un problema
mayor.
No quieren aplicar la vieja máxima de
abogados: más vale un mal arreglo, que un buen pleito.
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