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Algunos especialistas en propagandapolítica, como Carlos Alazraki, creen que los debates entre los candidatos
presidenciales son eventos con impacto de corto plazo.
Pero también aseguran que la percepción
sobre los candidatos en los debates de alguna manera es determinada por el
trato que le den al debate los medios de comunicación, especialmente entre un
gran sector de votantes que no tienen partido.
De
cualquier manera, en el debate de hoy, Joaquín, me gustaría escuchar las
propuestas de los candidatos presidenciales, pero propuestas en serio, cuando
menos para tres temas:
Uno, cómo resolver el problema de las
pensiones que podría estallar en el sexenio del que gane el 2 de julio y causar
una debacle social de imprevisibles consecuencias.
Dos, cómo evitar la creciente degradación
social que significa la proliferación del narcomenudeo y la violencia bárbara
de las bandas criminales que empieza a pudrir a los aparatos de procuración de
justicia.
Tres, cómo recuperar la capacidad de
generar empleos, pero empleos bien remunerados, Joaquín, y sin fracturar la
estabilidad económica.
Me gustaría escuchar propuestas viables
para atender esos problemas, Joaquín,
porque no atender cualquiera de esos tres problemas puede hacer que se
vaya por el caño cualquier maravilloso proyecto de Nación.
Pero habrá poco auditorio para el debate
de hoy, porque la mayoría de la gente no sacrifica sus hábitos televisivos.
Como
explica hoy nuestro amigo Raúl Rodríguez, la transmisión del debate
presidencial compite con tres telenovelas de mucho éxito.
Y cuando de telenovelas se trata, ya
sabemos quién gana la batalla por el control remoto.
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