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En este espacio, Enrique, siempre he
insistido que la política -sobre todo la electoral- es el campo de la sinrazón
y la mala fe.
Por eso tantas discusiones por asuntos
triviales, como la silla vacía.
Lamentablemente, el Tribunal Federal Electoral
ha metido al IFE en un callejón sin salida al obligarlo a decidir si unos spots
deben dejar de difundirse.
Los spots son ejemplo de lo que se llama campaña
negativa. Se trata de propaganda que busca hacer pedazos la imagen y reputación
de otros, particularmente de López Obrador, todavía el puntero en las
encuestas.
Hay quienes están convencidos que la
propaganda negativa no debe tener lugar en las contiendas democráticas.
¡Por favor! Es precisamente en las
contiendas democráticas donde florece la propaganda negativa, esa que subraya
las fallas del adversario, para tratar de convencer a los electores de no votar
por el contrario.
Hay una historia que ilustra esto,
Enrique. Un hombre que nunca supo quiénes habían sido sus padres, se lanzó a
candidato. En pocas semanas no sólo supo quiénes habían sido sus padres, sino
todos los defectos que tenían, defectos, claro, que el candidato había
heredado.
Los que se quejan están en su derecho para
hacerlo, igual que están en su derecho aquellos que los atacan.
La sinrazón y la mala fe, Enrique, han
sido a lo largo de la historia la esencia de la política. Y seguirá siéndolo,
aunque tantos se quejen. A esos sólo hay que decirles:
El que no soporte el calor, pues que se
salga de la cocina.
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