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No sé, Enrique, si la Suprema Corte de
Justicia decida atraer el caso de la escritora Lydia Cacho para abrir una
investigación sobre la violación de sus derechos humanos por el gobernador de
Puebla Mario Marín.
Sin embargo, aunque decida la Suprema
Corte de Justicia abrir esa investigación, será sólo una más que se sumará a
las que ya realizan la PGR y la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Además de las gestiones que se hacen en la
Cámara de Diputados para abrirle un juicio político al gobernador poblano.
Ayer reclamaba un panista de Puebla, Enrique.
Le pedía a la Suprema Corte de Justicia que no dejara en la indefensión a las
víctimas de pederastia.
¿De qué habla?
Coincido con quienes señalan que el
gobernador poblano se confabuló para violar los derechos humanos de la
escritora Lydia Cacho. Y por ello debe ser castigado.
Pero ninguna de las investigaciones
abiertas, Enrique, ninguna tiene que ver con la pederastia, todas tienen
motivaciones puramente políticas.
Lo que menos parece importarle a todos los
que elevan sus voces indignadas, es combatir la pederastia.
La pederastia es un delito repugnante,
Enrique, porque ataca a los más indefensos y débiles de nuestra sociedad, a los
niños y niñas que son sometidos a degradante explotación.
Esa, el combate a la pederastia, Enrique,
debiera ser la tarea de todos, de la PGR, de la Suprema Corte, de la Cámara de
Diputados, de tantos comunicadores que ahora desgarran sus vestiduras por Lydia
Cacho.
Pero de eso, de combatir la pederastia,
nadie se ocupa.
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